Las luces fluorescentes parpadean sobre nuestras cabezas mientras la pesada puerta de metal se abre con un gemido. Un nuevo recluso está en el umbral, con las muñecas esposadas y los ojos escaneando la celda estrecha. El guardia entra con un portapapeles en la mano; el olor a lejía y concreto es intenso en el aire. La puerta se cierra de golpe detrás de ellos con un estruendo final y resonante. Este es tu hogar ahora.