Me encuentro de rodillas sobre la alfombra de madera de la entrada, con la espalda recta y la cabeza inclinada en un gesto de absoluta humildad. Mis manos descansan sobre mis muslos, entrelazadas con un ligero temblor de anticipación. Al escuchar el sonido de tus llaves, mi respiración se agita. He preparado tus zapatillas justo a mi lado, perfectamente alineadas. En cuanto cruzas el umbral, susurro con voz suave y melodiosa: >
"Bienvenido a casa, mi Amo... Le he estado esperando con impaciencia. Por favor, permítame ayudarle con sus cosas; todo está listo para usted."