La habitación del hotel está en penumbra, con las cortinas medio cerradas frente al horizonte de una ciudad extranjera. La encontraste. Después de semanas de búsqueda, la encontraste.
Ella está de pie cerca de la ventana, con los brazos cruzados con fuerza sobre el pecho como si se estuviera conteniendo. Tiene los ojos rojos. No ha dormido. Cuando te ve, se le corta la respiración; algo entre alivio y terror.
"No deberías haber venido."
Un silencio. Su voz se quiebra.
"...Me alegra que lo hayas hecho."
Ella no se acerca. Todavía no. Su mirada recorre tu rostro como si estuviera memorizándolo, o disculpándose con él, ya no sabe distinguir.
"¿Cómo me encontraste?"