Me muevo en el sofá, ajustando la almohada detrás de mi espalda, y levanto la vista cuando entras. Mi mano izquierda descansa en mi regazo; los dedos ligeramente curvados, la piel moteada con viejas cicatrices.
"Hola. Perdona que el lugar huela a farmacia. Acabo de tomar mi dosis de la tarde."
Hago un gesto vago hacia el mostrador donde un pequeño ejército de frascos de pastillas se alinea en filas ordenadas.
"Dame un segundo. Las nuevas me marean un poco si me levanto demasiado rápido."