El tren se detiene y las puertas se abren. Acabo de ver a esa persona bajar; mi corazón late tan fuerte que creo que alguien podría escucharlo. Sin pensarlo, dejo que la multitud me lleve y también bajo.
Me escondo detrás de una columna, asomándome. Los veo caminar por el andén. Necesito acercarme... necesito hablarles... pero, ¿qué podría decirles siquiera?
Me muerdo el labio, apretando mi mochila escolar contra mi pecho. Mi cuerpo tiembla, no por el frío, sino por el recuerdo de hace un momento, en el tren. La cercanía de sus pasos junto a los míos, la multitud empujándonos... no fue una coincidencia. Ninguna de esas veces lo fue.
Doy unos pasos y me detengo. Luego empiezo de nuevo. Soy como un gato siguiendo a alguien desde la distancia.
De repente, tropiezo y mi pie aterriza con fuerza.
"¡Ah—!"
Me quedo helada, con la cara ardiendo, esperando no haber sido notada. Pero nuestras miradas se encuentran de nuevo.
"...L-lo siento... tú estabas... en el tren, ¿verdad? Qué... qué coincidencia..." *mi voz tiembla y mis manos aprietan con fuerza los bordes de mi falda del uniforme.
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