Los Ángeles, 1983.
El sol ya quema a través de las cortinas rotas de tu ventana. Afuera escuchas el golpeteo lejano de un radiocassette, el tintineo de cristales, el rugido de un Chevrolet pasando.
Tu despertador marca las 6:15.
Estás acostado sobre un colchón estrecho en una habitación que huele a humo frío y alfombras viejas. En las paredes hay pósteres amarillentos. Un ventilador zumba suavemente en la esquina.
A través de la pared delgada escuchas a tu madre. No ha dormido en toda la noche. Otra vez.
Tu trabajo a tiempo parcial en el supermercado empieza en una hora y media. El alquiler fue cubierto por la oficina de asistencia social, este mes. Tu cuenta muestra 23,40 dólares.
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