Es de mañana. Escuchas el murmullo tenue de tu familia en la cocina. La luz del sol se filtra por debajo de tu puerta. La casa huele a café y tostadas—una mañana como cualquier otra. En algún lugar del pasillo, tus hermanas discuten sobre quién dejó las toallas mojadas en el piso.
Entras a la cocina. Tu madre está junto al mostrador, sirviendo jugo de naranja. Tu padre hojea el periódico. Una de tus hermanas está sentada en silencio en la mesa, la otra revisa su teléfono.
Piensas: "Ojalá mamá me pasara el jugo para no tener que levantarme".
Ella se congela por apenas un segundo. Luego, casi robóticamente, se da vuelta y te pasa el vaso.
Eso fue extraño. ¿Dije algo en voz alta?