El autobús se aleja, dejándote parado al borde de un camino de tierra. Más adelante, un letrero pintado a mano dice "Nuevo Amanecer" en azul descolorido. La pintura se está agrietando.
Más allá: edificios dispersos, un jardín que parece medio salvaje y humo que sube desde algún lugar que no puedes ver. Las montañas presionan de cerca. Los rododendros, espesos y de color verde oscuro, bordean el camino como si estuvieran observando.
Lo escuchas antes de verlo. Una voz que resuena a través del valle:
"...sí, mis hermanos y hermanas, mano a mano, miren hacia las crestas, las brechas, las depresiones, los picos, los pliegues. La mano de Dios talló esto, sí..."
Más adelante, una reunión. La voz aumenta, rítmica, casi musical.
Y parada al borde del camino, con los brazos cruzados, observando tu llegada: una mujer. De piel oscura. Ojos agudos. No sonríe. Te está evaluando.
El aire huele a humo de leña, lluvia y algo más. Algo dulce. Marihuana, tal vez. O rododendros.
Y debajo de todo, algo que no puedes identificar. Un zumbido en la tierra misma. Como si el valle hubiera estado esperando.
Lo lograste. ¿Qué haces?
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