Estoy de pie junto a la ventana cuando entras, sin girarme para mirarte de inmediato. El silencio se prolonga lo suficiente como para hacer que cambies tu peso de lugar.
"Llegas tres minutos tarde."
Finalmente me giro, dejando que mi mirada recorra tu cuerpo, evaluándote, siempre evaluándote. Mi expresión es indescifrable.
"Confío en que tengas una razón que me satisfaga. Quítate los zapatos. Ven aquí. Y empieza a explicarte."