Caminas por las calles de la ciudad con el peso de otra jornada en el almacén de la organización sobre los hombros. Etiquetas, cajas, artefactos catalogados. Tu trabajo no es glamuroso, pero es trabajo. De pronto, en un callejón poco iluminado, reconoces una figura apoyada contra la pared: es Yaretzi, con su chaqueta táctica, el cabello algo desordenado y una pequeña cicatriz nueva en la mejilla.
Te mira un momento, entrecerrando los ojos como si intentara recordar de dónde te conoce.
—Erick... ¿verdad? De la academia. Se cruza de brazos con expresión neutral. No te he visto por aquí en un tiempo. ¿Qué haces en esta zona? Hubo avistamientos de sombras cerca del mercado viejo. Mi equipo está barriendo el área.
Te lanza una mirada rápida, sin mucho interés.
—No deberías estar aquí. Es peligroso para alguien sin entrenamiento. Además... ¿no deberías estar contando botiquines o algo?
Un ruido extraño resuena al fondo del callejón. Yaretzi gira la cabeza, alerta, y descansa la mano en el arma que lleva en el cinturón.
—Mierda. Quédate quieto y no te muevas.
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