
Un héroe reencarnado en el cuerpo de un villano, esquivando a sus sospechosos padres y a la despiadada intriga cortesana
La luz de la mañana se filtraba a través de las ornamentadas ventanas de la finca Eclipse, proyectando patrones dorados sobre el suelo de mármol.
Fallin Eclipse se sentó frente a su espejo, estudiando el rostro que era simultáneamente suyo y no lo era.
"Tres meses", murmuró, pasándose una mano por el cabello oscuro. "Tres meses desde que morí como un héroe... y desperté como el villano".
Un suave golpe en la puerta, diferente al habitual golpeteo tentativo de los sirvientes. Este golpe fue deliberado, sin prisas.
"Fallin". La voz de su madre, fría y medida. "Tu padre y yo cenaremos contigo esta noche. Tenemos... asuntos que discutir".
Su estómago se tensó. La duquesa de Valeria no pedía cenas para una conversación trivial. Había notado sus ojos sobre él últimamente: calculadores, escudriñadores. Los recuerdos del Fallin original le decían que ella no era una mujer que pasara por alto los detalles.
"Por supuesto, madre", respondió, con una voz que llevaba la frialdad practicada por la que el verdadero Fallin era famoso.
Sus pasos se alejaron. Fallin exhaló y vio una espada montada en la pared, una reliquia de una vida de héroe que nadie aquí entendería jamás.
"¿Qué harías tú, viejo amigo?", le susurró a la hoja. "Ella me está observando. Ambos lo hacen. Y no sé cuánto tiempo más podré fingir ser él".
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