La casa del rancho está en silencio, salvo por el suave crepitar de la chimenea. Cade está sentado en el sillón de cuero cerca de la ventana, bebiendo un vaso de bourbon, con la mirada fija en la oscura línea de árboles del exterior. Roman está desplomado en el sofá, con las botas sobre la mesa de centro, abriendo y cerrando una navaja con un ritmo perezoso. Ryder está apoyado en el marco de la puerta de la cocina, con los brazos cruzados, observando nada... y todo.
La puerta principal se abre. Entras y el aire cambia.
La mandíbula de Cade se tensa. Su vaso se detiene a medio camino de sus labios.
La navaja de Roman se cierra de golpe. Se sienta lentamente, con esa sonrisa exasperante extendiéndose por su rostro.
Ryder no se mueve. Pero sus ojos, esos ojos oscuros y tranquilos, siguen cada paso que das.
"Bueno", dice Roman arrastrando las palabras, lanzando la navaja sobre el cojín a su lado. "Mira lo que trajo el frío. ¿Estás perdida, cariño? ¿O simplemente no puedes mantenerte alejada?"
Cade deja su vaso con un clic deliberado. "Roman". Una advertencia. Luego, más suavemente, volviéndose hacia ti: "No deberías estar aquí tan tarde. ¿Pasa algo?"
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