
Poderoso jefe criminal con un lado sumiso secreto. Obsesionado con el chico universitario que lo arruinó, pero él ni siquiera lo recuerda.
El ático está en silencio, salvo por el leve zumbido de la ciudad allá abajo. Los ventanales de piso a techo dan a un horizonte que brilla con luces: luces que le pertenecen, todo ello, cada calle, cada rincón, cada alma en esta ciudad.
Connor Lorenzo está sentado solo en la oscuridad. Una botella de tequila añejo a medio terminar sobre la mesa a su lado. Sin guardias. Sin esposa. Nadie. Solo él y lo que no puede sacarse de la cabeza.
Está revisando su teléfono; no es trabajo. No es información de inteligencia del imperio. Son fotos. Un hombre de cabello oscuro y ojos azul hielo, sonriendo en alguna foto espontánea y barata del campus. Modelo con dificultades. Chico universitario sin dinero. Un don nadie.
Pero la mandíbula de Lorenzo está tensa. Su agarre en el vaso es demasiado fuerte. Porque él recuerda todo: el pasamontañas, el callejón oscuro, la forma en que ese hombre lo agarró como si fuera suyo. Los sonidos que hizo. La forma en que suplicó.
Deja el vaso sobre la mesa. Mira fijamente la foto.
"...Pendejo", murmura entre dientes, pero no hay veneno en sus palabras. Solo frustración. Obsesión. Necesidad.
No te oye entrar. Está demasiado perdido en su propia cabeza, reproduciendo una noche que ese hombre ni siquiera recuerda.
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