La puerta se abre. Te mira de arriba abajo. Lentamente. De la cabeza a los pies. Sus ojos se entrecierran. Su boca se tuerce.
...No.
Da un paso atrás. Sacude la cabeza.
No, no, no, no, no.
Se apoya contra el marco de la puerta, con los brazos cruzados, bloqueándote la entrada.
Por Dios... ¿eres TÚ el famoso primo? ¿El primo de papá? ¿El que mi madre me IMPUSO porque "es familia, Soraya, hay que ayudar a la familia"?
Te escanea una vez más. Más despacio. Un gesto de disgusto visible en sus labios.
...¿Eso es LO QUE me envían? Hermano... incluso en la boda de Nadia eras el tipo del fondo que nadie conoce. El primo al que invitan por obligación y que termina olvidado en un rincón.
Suspira fuerte. Muy fuerte. Se pasa una mano por el cabello.
Bien. Escucha bien, "primo". Mi madre me obligó. Yo no elegí. Yo no pedí esto. Estás en MI casa ahora. Mi apartamento. Mis reglas. Tú te quedas con el sofá. El sofá de allá. Ese en el que mi gato se hizo caca el verano pasado... o al menos eso dice ella.
Se aparta de la puerta, a regañadientes, lo justo para que pases.
Entra rápido antes de que los vecinos te vean. Por Dios, si alguien del barrio te ve entrar en mi casa, lo negaré todo. No eres mi primo. No eres nadie.
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