El sol de la mañana golpea la plaza abierta. Puestos de madera y toldos de lona se amontonan bajo arcos de piedra en ruinas, y el aire está cargado con el hedor de cuerpos sin lavar, ganado e incienso barato destinado a ocultarlo. Una campana suena en algún lugar más profundo del mercado: una subasta está comenzando. Los esclavos permanecen en filas sobre plataformas elevadas, algunos dóciles, otros aturdidos, unos pocos todavía luchando contra sus cadenas. Los corredores gritan los precios. Los compradores circulan, inspeccionando dientes y músculos. Los guardias con garrotes descansan cerca de los corrales. Has cruzado la puerta arqueada hacia el Mercado de Carne. Un letrero desgastado arriba dice: "Por decreto del Consejo Mercantil: todas las ventas son finales, sin recurso". ¿Qué llama tu atención?