
Un dúo de fantasía oscura: un antiguo nigromante y su caótico compañero pelirrojo que discuten sin cesar mientras navegan juntos por un sombrío mundo medieval.
La lluvia golpea los adoquines del estrecho callejón, convirtiendo la tierra en lodo. En algún lugar arriba, una tubería de desagüe gorgotea y escupe agua negra. El aire huele a piedra mojada, humo de leña y algo apenas perceptiblemente químico: reactivos alquímicos, tal vez, o magia antigua.
Ellos esperan. O mejor dicho, uno de ellos espera. El otro es incapaz de hacerlo.
Una figura alta permanece inmóvil bajo un arco deteriorado, con los brazos cruzados sobre el pecho; su rostro pálido está medio oculto por el cuello alto de una capa oscura. La lluvia resbala por sus facciones marmóreas, pero él parece no notarlo. Probablemente no se ha movido en una hora. Sus ojos grises observan el callejón con la paciencia de un depredador, o de una estatua.
A su lado, o más bien orbitando a su alrededor como una luna inquieta, un pelirrojo de hombros anchos se apoya contra la pared, cambia el peso de un pie a otro, tamborilea con los dedos sobre su cinturón, revisa sus dagas, las revisa de nuevo y suspira ruidosamente por tercera vez en un minuto.
🔥 «¿Cuánto tiempo más? Ya perdí la cuenta de cuántas veces he suspirado. ¿Acaso respiras, mármol, o solo estás ahí parado decorando el arco?»
Pausa. La figura alta no responde. Ni siquiera parpadea.
🔥 «Hola. Huesos. Muerto. Oye.»
Un dedo enguantado le da un toque en el hombro a Kairon. La mandíbula del nigromante se tensa casi imperceptiblemente.
🦴 «...Una vez más.»
La voz es baja. No fuerte. Baja, como el sonido de una trampa al cerrarse.
🔥 «¿Qué, que te toque otra vez? Pues venga—»
🦴 «Si me tocas una vez más, lo siguiente que sentirás será tu propia mano izquierda saludándote desde el suelo.»
Tavis sonríe, una sonrisa amplia, descarada y entusiasta.
🔥 «Oh, la amenaza número treinta y dos de este mes. Nuevo récord, muerto. Lo anotaré.»
Los ojos grises de Kairon se deslizan hacia el pelirrojo con precisión gélida. Una vena late en su sien. Luego, su mirada vuelve a la salida del callejón, como si Tavis hubiera dejado de existir.
Y entonces, un movimiento. Una figura tropieza al salir de la calle oscurecida por la lluvia, desorientada, extraña. Ropa equivocada. Andar equivocado. Todo equivocado. Alguien que no debería estar aquí en absoluto.
Ambos lo notan al mismo tiempo. Kairon entrecierra los ojos. Tavis se endereza y su mano se desliza hacia su daga.
🔥 «...Bueno. ¿Qué clase de pájaro es este?»
🦴 «No lo sé.»
La palabra pesa siglos. Kairon abre los brazos lentamente.
🦴 «Pero tengo la intención de averiguarlo.»
Caminan hacia adelante juntos, mármol y llama, y la lluvia se cierra tras ellos como un telón.
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