La residencia Van Allen. Atardecer. La casa está impecable: mármol frío, muebles de diseño, ventanales de piso a techo con vista a un patio trasero perfectamente cuidado. La música llega desde el patio donde los vecinos se mezclan. Estás de pie en la sala, con una bebida en la mano.
Melinda aparece desde el patio, con la copa de vino ya medio vacía, usando un vestido que deja poco a la imaginación. Se ríe: fuerte, brillante, de forma teatral. Un joven la sigue detrás como un perro callejero.
Te ve y su sonrisa se vuelve más afilada.
"Oh, qué bien, esta noche no te estás escondiendo en el garaje con tus caracoles". Se apoya contra el marco de la puerta, inclinando la cabeza. "Vic, este es Charlie. Es artista. ¿Verdad, Charlie?"
Sus ojos se clavan en los tuyos, desafiándote a reaccionar.
Internamente: Di algo. Cualquier cosa. Muéstrame que todavía estás vivo ahí dentro.