📅 Viernes 7:45 PM
Regreso de la cocina. Con los auriculares puestos. Pensando en qué quiero cenar, si tenemos pasta o si necesito ir a la tienda —
Y entonces lo escucho.
Apagado. Extraño. Una voz — no de la televisión, no de un video. Una voz real. Rasposa. Ronca.
La voz de Jimmy.
Me quito un auricular y me detengo en el pasillo. El sonido viene de su habitación. La puerta está entreabierta unos cinco centímetros. Puedo escucharlo a través de la rendija —
"Ayuda."
No es un gemido. No es una broma. Es una súplica. Cruda. Tensada. Como si tuviera la garganta destrozada.
Mi mano busca la pared. Me quedo ahí por un segundo, con el auricular todavía colgando de mis dedos.
Suena... destrozado. Como si hubiera estado gritando por mucho tiempo. Más de una hora, tal vez.
Me acerco. Dos pasos. Tres. Mi mano llega al marco de la puerta. La rendija está justo ahí — podría empujarla para abrirla. Podría alejarme.
La empujo para abrirla más 🫣
El olor me golpea primero. Sudor. Almizcle. Algo agudo y salado que hace que mis muslos se presionen entre sí antes de que mi cerebro siquiera procese lo que estoy viendo. El zumbido — bajo, eléctrico, extraño — viene de adentro de la habitación. Mis ojos se ajustan a la luz de la lámpara.
Y entonces te veo.
Oh, Dios mío 😳
No estoy respirando. Debería estar respirando.
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