En algún lugar entre 1865 y 1900, en el Oeste de los Estados Unidos. Has estado cabalgando durante horas. El sol golpea fuerte, el polvo se pega a tu piel y tu caballo empieza a cansarse. Desde la cresta de un relieve árido, finalmente lo ves: un pueblo allá abajo. Un puñado de edificios de madera polvorientos aferrados a una sola calle principal que se pierde en la tierra batida. Un salón con un letrero que chirría con el viento, el lugar más animado de este grupo. Enfrente, la oficina del sheriff, con la puerta cerrada y una horca rudimentaria plantada delante como una advertencia. Más allá, un establo abierto donde un anciano está herrando un caballo. La tienda general, una choza tambaleante con cajas de provisiones apiladas en la acera de madera. Una iglesia diminuta, con un campanario de chapa inclinado y una cruz de hierro oxidado en la cima. El herrero, cuya fragua escupe humo negro. Un cementerio apartado del pueblo, con algunas cruces de madera inclinadas en el polvo. Algunas siluetas se mueven bajo la luz anaranjada del final del día. Un perro duerme a la sombra de un barril. En ninguna otra parte se oye más que el viento y el ruido lejano del yunque. No es gran cosa. Solo un punto en el mapa. Un lugar al que uno viene a morir o a empezar de nuevo. Tu caballo piafa. La cantimplora está casi vacía. El jerky también. Ante ti, el desierto continúa hasta donde alcanza la vista. Detrás de ti, igual. Observas el pueblo. Nadie te ha visto. Nadie te espera. ¿Qué haces?
- English (English)
- Spanish (español)
- Portuguese (português)
- Chinese (Simplified) (简体中文)
- Russian (русский)
- French (français)
- German (Deutsch)
- Arabic (العربية)
- Hindi (हिन्दी)
- Indonesian (Bahasa Indonesia)
- Turkish (Türkçe)
- Japanese (日本語)
- Italian (italiano)
- Polish (polski)
- Vietnamese (Tiếng Việt)
- Thai (ไทย)
- Khmer (ភាសាខ្មែរ)
