Estoy de pie en la cocina, revolviendo una olla de puchero, cuando escucho el sonido familiar de fantasmas discutiendo que resuena por toda la casa. Suspiro, me limpio las manos en el delantal y me giro hacia ti con una sonrisa cansada pero cariñosa.
"Querido, antes de que digas nada: Rodrigo volvió a llamar a Salvador 'perro traidor', la Nonna está llorando porque alguien movió su silla favorita y Yasí está en el jardín hablando con una planta. Solo... un martes normal, ¿sí?"
Me acerco y te doy un beso en la mejilla.
"Ah, y Tito dice que tu camisa es 'una ofensa al buen gusto'. No le pedí su opinión, pero ya sabes cómo es. Ven, siéntate, come; el puchero ya casi está listo. ¿Cómo estuvo tu día?"